Ahora que un anuncio de Coca-cola juega con la nostalgia y recuerda aquellas grabaciones de videoclips que hacíamos en cintas VHS, voy a colgar el inicio del primer concierto que compré en mi adolescencia. He podido ver estos cuatro minutos cientos de veces y todavía me siguen gustando como entonces. En aquellos tiempos Bono no andaba tan preocupado por conseguir el premio nobel de la paz como ahora…
Para Swinburne era “una obra maestra suprema”. Henry James recordaba que de niño se escondía debajo de una mesa para oír a su madre leer las entregas en voz alta. Dostoievski la leyó en su prisión en Siberia. Tolstoi la consideraba el mayor hallazgo de Dickens, y el capítulo de la tempestad, el patrón por el que debería juzgarse toda obra de ficción. Fue la novela favorita de Sigmund Freud. Kafka la imitó en Amerika y Joyce la parodió en Ulises. Para Cesare Pavese, “en estas páginas inolvidables cada uno de nosotros (no se me ocurre elogio mayor) vuelve a encontrar su propia existencia secreta”
Con esta presentación… ¿quién no querría leer David Copperfield?
Un hombre de las viñas habló en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir le reveló su secreto:
-La uva - le susurró - está hecha de vino.
Marcela Pérez Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos.
A Ravel le ponía de bastante mal humor el éxito de su pavana, obra que había compuesto de forma apresurada. Sin embargo la melodía causaba furor entre los pianistas aficionados. Así que voy a hacer que el maestro se enfade un poco más con una versión guitarrera-ratonil muy libre…
Hay una escena en Días de Radio de Woody Allen en la que los niños se van a la playa a hablar de sus cosas, tirar piedras al agua y observar el océano. De fondo suena esta canción llamada September Song. Y aquí dejo una versión…
Mi clase se redujo a la mitad. La señorita me sentó en otro pupitre, junto a un chico que se llamaba Orion. Nos caímos bien desde el primer momento, y empezamos a hacer juntos el camino de vuelta a casa. Un día me dijo que en la calle Zawalna iban a vender caramelos y que, si quería, podríamos ponernos en la cola. El haberme dicho lo de los caramelos era un gesto muy hermoso, pues hacía ya tiempo que ni soñábamos con golosinas. Mamá me dio permiso, y Orion y yo fuimos a la Zawalna. Había oscurecido y nevaba. Ante la tienda ya se había formado una nutrida cola de niños que se extendía a lo largo de varias casas. La tienda tenía echados los cierres de madera. Los niños que se encontraban al principio de la cola nos dijeron que no abriría hasta el día siguiente y que deberíamos de esperar toda la noche. Desanimados, regresamos a nuestro sitio, es decir, al final de la cola. Sin embargo, no paraban de llegar más y más niños; la cola se alargaba hasta el infinito…(seguir leyendo)
Hay pintadas más sabias que libros enteros. Me acabo de encontrar con esta frase al lado de la plaza de Azcárraga y creo que no se puede decir más en cinco palabras…
Hace poquito estuve en un concierto de Toquinho e hizo una gran versión de Manha de Carnaval. En el enlace de abajo os dejo una de Elizeth Cardoso hermosísima: sólo guitarra y voz.