lord Jim
Cuando tratamos de comprender la necesidad íntima de otro hombre nos damos cuenta de cuán incomprensibles, cambiantes y brumosos son los seres que comparten con nosotros la visión de las estrellas y la calidez del sol. Es como si la soledad fuera una condición absoluta e insuperable de la existencia: el envoltorio de carne y sangre en el que fijamos nuestra vista desaparece en cuanto extendemos la mano, y sólo queda el espíritu caprichoso, inconsolable e inaprensible, que ningún ojo puede seguir, ni ninguna mano puede atrapar.
Lord Jim - Joseph Conrad
1 comentario Febrero 7th, 2008