may 20

Me gusta la animación, la textura de los personajes, la música y la idea que desea transmitir el autor (o que yo creo que intenta transmitir…)

Masquerade from Aziz K. on Vimeo.

may 12

Si tienes cuatro minutos y treinta y nueve segundos te pido que veas y escuches este vídeo. Fíjate en las manos de Xavier de Maistre y en los cambios de intensidad, ritmo y volumen en la melodía de Debussy. Tiene a los japoneses en el bolsillo…

Y como no todo en la vida es sueño, aquí va otra melodía que hoy no consigo sacar de la cabeza. A veces el señor Till Lindemann me da un poco de miedo…

Si tienes Spotify instalado y quieres más de Xavier (musical, claro)… pulsa aquí.

Herr Lindemann, a tí tampoco te olvido: pulsa aquí para el señor “erre alveolar vibrante” (lo dice en la wikipedia, oiga).

abr 27

A seguir a partir de ahora: Goldmund, un proyecto de Keith Keniff . No sé si habrá sacado el nombre de la obra Narciso y Golmundo de Herman Hesse. En ella, Golmundo representa al artista, al vagabundo, al hombre de acción y en comunión con la naturaleza, mientras que Narciso es el arquetipo de la ciencia, la lógica, la razón y la estabilidad. Está claro por quién se ha decantado Keith…

abr 23

En el mando de mi TV existe un botón en el que puedes escoger el origen del vídeo. Ya sé que no soy especial y casi todo el mundo dispone de ese botón. Bueno, quizás esta afirmación es demasiado categórica y debería de puntualizarlo con un “casi todo el hastiado primer mundo”. Pues bien, en mi caso particular, una de las fuentes posibles es la TDT (Nacho, de esto sabes tú mucho), otra fuente es la TV analógica y, por último, tengo una entrada directa desde el ordenador. La primera y la segunda fuente no las uso desde hace bastante tiempo y no se trata de ninguna pose gafapasta en plan “la tele es lo peooor”, porque reconozco que me divierto con los programas más cutre-salchicheros. Vamos, sirva como ejemplo que desde hace una temporada adoro a Pankun & James y me parecen más riquiños que muchas personas. Simplemente no dispongo de mucho tiempo y tengo cierta obsesión por optimizarlo. Así que utilizo Boxee, un media center en el que se puede:

  • ver vídeos por internet: youtube, vimeo, bliptv, joost, public torrents, etc
  • recuperar automáticamente carátulas, descripciones de IMDB, trailers de apple TV y subtítulos de opensubtitles.org para todas las películas que ya tengas bajadas en el disco duro de una manera transparente
  • escuchar toda tu colección de música, recuperar las letras de las canciones, leer las descripciones de last.fm y ver los vídeos de mtv asociados a discos que ya has bajado
  • escuchar música por internet: jamendo, shoutcast, etc
  • ver todas las fotos de sitios como flickr, tus álbumes de picassa o tus álbumes de fotos locales
  • cliente de bittorrent incorporado
  • completamente gratis aunque por ahora sólo disponible para Linux y Mac

Quizás todo lo que he puesto antes sea difícil de entender por la cantidad de tecnicismos raros pero que en realidad no tienen ninguna miga. Y nada más sencillo que verlo en acción para darse cuenta de su potencia

Y tras esta breve introducción, dos vídeos que he visto hoy en vimeo vía boxee y que quiero compartir con vosotros:

Subprime: creo que tras la venta vuelve a los orgínenes… ¿vosotros qué pensáis?


subprime from beeple on Vimeo.

Steel life: muy muy muy muy bello: imágenes y música perfectamente acompasadas


Steel Life from Mathieu Gérard on Vimeo.

abr 05

Sacado del libro Cómo escuchar la música del compositor Aaron Copland

¿Para qué, después de todo, escuchamos cuando escuchamos a un compositor? No tiene que narrarnos una historia, como el novelista; no tiene que “copiar” la naturaleza, como el escultor; su obra no tiene que desempeñar una función práctica inmediata, como el dibujo del arquitecto. ¿Qué es, pues, lo que nos da? Una sola respuesta me parece posible: se nos da a sí mismo. La obra de todo artista es, por supuesto, una expresión de sí mismo, pero ninguna tan directa como la del músico creador. Él nos da, sin relación con “acontecimientos” exteriores, la quintaesencia de sí mismo, esa porción que entraña la expresión más plena y profunda de sí mismo en cuanto hombre y de su experiencia en cuanto a semejante nuestro.

Recuerde siempre el oyente que cuando escucha la creación de un compositor está escuchando a un hombre, a un determinado individuo con su particular personalidad. Porque el compositor, si ha de ser de alguna valía, deberá tener personalidad propia. La música podrá ser de mayor o menor importancia, pero en caso de ser significativa siempre reflejará esa personalidad. Ningún compositor puede poner en su música valores que no posea como hombre. Su carácter podrá estar entreverado de humanas flaquezas – como el de Lully o el de Wagner, por ejemplo – , pero todo lo que haya de fino en su música provendrá de todo lo que haya de fino en él en cuanto a hombre.

mar 01

Versión de Between the bars (Elliot Smith) a cargo de Madeleine Peyroux. Toques a lo Billie Holiday para una oscura y desesperanzada canción. Una maravilla.

the people you’ve been before that you don’t want around anymore
that push and shove and won’t bend to your will
I’ll keep them still

oct 26

Esta aplicación para el iphone/ipod touch me encanta. Y eso que yo no tengo un aparatejo de esos, pero me imagino la cantidad de sonidos que podría sacar de Bloom. Los autores: Brian Eno (el que hizo posible The Unforgettable Fire) y Peter Chilvers.

Lo mejor es verlo en funcionamiento…

Y aquí un bebé flipando con los sonidos…

oct 18

Ayer escuché una canción en la radio que me sorprendió. Cuando el locutor dijo el nombre del grupo no logré entenderlo bien. Hoy Manu me pasó un artículo de El país en el cual repasan una lista de grupos que no dejan a nadie indiferente (Entre el éxtasis y el coñazo). Ahí mencionan a los Fleet Foxes y aquí os dejo la melodía que tanto me cautivó y que se llama tiger mountain peasant song

Fleet Foxes – Tiger Mountain Peasant Song
Found at skreemr.com

oct 04

sep 27

Un día vino a verme un joven poeta, uno de esos que viene a verme todos los días… Tras los cumplidos habituales sobre mi ingenio, mi agudeza, mi buen gusto, mi bondad, y otras adulaciones de las que no creo una sola palabra, por mucho que ya haga más de veinte años que me las repiten y, a lo mejor, de buena fe, el joven poeta saca un papel del bolsillo: son unos versos, me dice. -¡Versos! – Sí, señor, sobre los cuales espero tengáis la bondad de darme vuestra opinión. – ¿Os gustaría oír la verdad? – Sí, señor, y os la pido. – Pues la sabréis. -¡Vaya! ¿Sois tan tonto como para creer que un poeta va a visitaros buscando la verdad? -Sí. – ¿Y tan tonto como para decírsela? – ¡Sin duda! – ¿Sin subterfugios? – Indudablemente: el subterfugio más sutil no es más que una grosera ofensa: fielmente interpretado significaría: sois un mal poeta, pero como no os veo suficientemente fuerte para soportar la verdad, sois además un enclenque. – ¿Y siempre os ha dado buen resultado tanta sinceridad? – Casi siempre… Leo los versos del joven poeta, y le digo: Vuestros versos me demuestran que no sólo sois un mal poeta, sino que jamás lo seréis mejor. – Preciso será entonces que siga haciendo malos versos; porque no puedo dejar de escribir. -¡Qué terrible maldición! ¿Os hacéis cargo del envilecimiento en el que caeréis? Ni los dioses, ni los hombres, ni las columnas han perdonado la mediocridad de los poetas: lo dice Horacio. – Lo sé. ¿Sois rico? – No. ¿Sois pobre? – Muy pobre. – Vais a añadir a la pobreza la ridiculez del poetastro; malgastaréis vuestra vida, llegaréis a viejo: viejo, pobre y mal poeta, ¡ah, señor!, ¡qué triste papel! – Me lo imagino, pero me siento arrastrado a pesar mío… Jaques hubiera dicho: está escrito allá arriba. -¿Tenéis padre? – Sí. – ¿Cuál es su condición? – Es joyero. – ¿Os ayudaría? – Quizá. -¡Bien! Id a ver a vuestro padre, proponedle que os adelante un crédito en joyas. Tomad un barco para Pondichéry; durante el viaje escribid malos versos; una vez allí hacéis fortuna. Cuando seáis rico, volvéis y escribís todos los versos que os plazca, siempre que no los deis a imprimir, ya que no está bien arruinar a nadie… Doce años después de darle este consejo, el joven poeta volvió a visitarme; cuando compareció ante mí, no le reconocí. -Soy aquel que enviasteis a Pondichéry, me dijo. – Allí me fui, amasé unos cien mil francos. He vuelto; estoy escribiendo versos nuevamente, y os los traigo para que los juzguéis… ¿Siguen siendo malos? – Sí, pero como vuestra vida está solucionada, os permito que continuéis escribiendo…

Jaques el fatalistaDenis Diderot

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