nov 16

El universo está hecho de historias, no de átomos

Muriel Rukeyser

Visto en swissmiss

nov 16

Si os gustan las imágenes y grabados de libros antiguos, seguro que os gustará BibliOdyssey

oct 26

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Hoy he podido probar el Kindle. Por si alguno no sabe lo que es, se trata de un lector electrónico de libros/prensa. La verdad es nunca había visto uno y me ha sorprendido muchísimo, sobre todo la calidad de la impresión que es increíble. Me imagino que alguno levantará la ceja y pensará aquello de “donde esté un libro de verdad…” y no le pienso contradecir. Es más, regaladme un libro bien encuadernado, con un tipografía escogida adecuadamente y maquetado como dios manda y estaré más feliz que unas pascuas. Incluso si no cumple ninguna de las condiciones anteriores también me ganaréis para vuestra causa. Pero no está de más pensar para qué puede servir un dispositivo como el Kindle o el Nook:

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  • imaginad que podéis llevar con vosotros un dispositivo de unos 200-300 gramos en el que caben unos 3500 libros, enciclopedias, revistas y prensa y donde es posible realizar anotaciones al margen, subrayar o consultar la web
  • los chavales que vengan dentro de una generación no tendrán que cargar con esas mochilas de marine llenas de libros que te dejan canijo (por lo menos a mí sí)
  • posibilidad de descargar obras que existen ahora mismo en el proyecto Gutenberg y que son completamente gratis porque ya han expirado los derechos (y que en algunos casos son bastante difíciles de conseguir en papel)
  • medio de promoción para autores nóveles para los que editar un libro es poco menos que un sueño imposible
  • recomendadores: si tienes un libro o autor en el dispositivo te indica qué otros libros te pueden interesar basado en lo que leen el resto de los usuarios
  • como acción/reacción, algunas editoriales cuidarán mucho más los libros físicos que saquen al mercado…

Son sólo algunas ideas, pero si leéis los enlaces que os he puesto en el post, descubriréis muchas más. Y para terminar os dejo un buen resumen de libros electrónicos por menos de 300 euros

Eso sí: seguid regalando libros de verdad con o sin dedicatorias. No hay color…

oct 03

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benditos libros y benditos locos…

sep 27

firminFirmin es una rata canija que ha nacido en el sótano de una librería. Tiene doce hermanos de parto y su madre doce pezones para alimentarlos, así que la mayoría de las veces Firmin se queda sin comer. Para matar el gusanillo comienza a dar mordisquitos a los libros y al final termina leyéndolos. Ya sea por la dieta o por su atenta observación del mundo, deja detrás de sí frases rotundas:

Amigo mío, dado el abismo que separa todas tus experiencias de todas las mías, lo más cerca que te puedo situar de ese sabor tan único es decirte que los libros, así, por término medio, saben a lo mismo que huele el café

Tendrían que enterrar los libros con sus propietarios, como hacían los egipcios, para que la gente no pudiera poner sus manazas en ellos, lgo, para que los muertos tuvieran algo que leer en su largo recorrido de eternidad

Malo el amor no correspondido, pero lo que verdaderamente puede hundirlo a uno es el amor no correspondible

En cierta ocasión, un hombre con quien estaba de charleta en un bar me preguntó a qué me dedicaba. Yo le contesté: -A infestar.- ”

FirminSam Savage

sep 25

Aquí tenemos, por ejemplo, a Lord Boodle, de considerable reputación en su partido, que ha sabido lo que es ejercer de ministro, y que dice a Sir Leicester Dedlock con gran solemnidad, después de la cena, que realmente no sabe adónde les va a llevar la presente época. Un debate ya no es lo que solía ser; la Camara ya no es lo que solía ser; incluso un gabinete de ministros es muy diferente a lo que era antes. Percibe con asombro que, suponiendo que cayera el gobierno actual, la elección por parte de la Corona para formar un nuevo gobierno se limitaría a Lord Coodle y a Sir Thomas Doodle, presuponiendo que sea imposible para el Duque de Foodle actuar con Goodle, que probablemente sería el caso como consecuencia de la brecha abierta por el esándalo con Hoodle. Entonces, si se diera el Ministerio de Asuntos Exteriores a Moodle, ¿qué se hace con Noodle? No se le puede poner a cargo de los Bosques, eso no es suficiente para Quoddle. ¿Entonces qué? ¡El país naufraga, se hunde, se viene abajo (como es evidente para el patriotismo de Sir Leicester Dedlock), porque no se puede encontrar un puesto para Noodle!

Por otra parte, el muy honorable William Buffy, miembro del parlamento, demuestra por encima de la mesa a otro, que el naufragio del país -sobre el que no cabe ninguna duda, pues tan sólo se discute la manera en que se va a producir- es atribuible a Cuffy. Si hubieras tratado a Cuffy como se debería haber hecho la primera vez que entró en el Parlamento, y si hubieras impedido que se pasara al partido de Duffy, podrías haber conseguido que se aliara con Fuffy, habrías conseguido el importante apoyo de un inteligente retórico como Guffy, en las elecciones habrías conseguido el apoyo de la riqueza de Huffy, habrías conseguido a Juffy, Kuffy y Luffy para los tres condados, y habrías fortalecido la Administración con los profundos conocimientos administrativos y económicos de Muffy. ¡Y todo esto en vez de depender ahora, como dependes, del mero capricho de Puffy!

Sobre este punto y otras cuestiones menores son de opiniones diferentes, pero resulta perfectamente claro al brillante y distinguido círculo a su alrededor que en realidad sólo se trata de Boodle y su séquito, y de Buffy y su séquito. Por supuesto, hay un pueblo, de eso no hay duda, un buen número de superfluos a los que hay que dirigirse ocasionalmente y que son los que han de corear los eslóganes, como en el escenario teatral; pero Boodle y Buffy, sus seguidores y sus familias, sus herederos, ejecutores testamentarios, administradores y curadores son los protagonistas natos, los directivos y líderes, y nadie más puede aparecer en escena, nunca.

Charles Dickens – Casa Desolada

Como dice la famosa canción…la vida sigue igual.

ago 22

Esta mañana he salido de los apartamentos a la playa suave y cambiante y he dado un paseo en bañador y sin camisa. Y se me ha ocurrido que un efecto natural de la vida es cubrirse con una fina capa de… ¿qué?, ¿una película?, ¿un residuo de la piel de todas las cosas que has hecho, sido y dicho y en las que te has equivocado? No lo sé. Pero el caso es que durante mucho tiempo nos cubrimos con esa capa y sólo raramente lo sabemos, a menos que por un motivo o por una oportunidad inesperados salgamos de ella -durante una hora o incluso un momento- y nos sintamos repentinamente bien. Y en ese mágico momento uno se da cuenta del tiempo que ha pasado desde que empezó a sentir así. Se pregunta si habrá estado enfermo. ¿Es la propia vida una enfermedad o un síndrome? ¿Quién sabe? Seguro que todos nos sentimos así alguna vez, pues yo no puedo sentir nada que cientos de miles de ciudadanos no hayan sentido antes.

Sólo después, súbitamente, uno se despoja de eso -de esa película, de esa piel de vida- como cuando era pequeño. Y piensa: así debió de ser mi vida una vez, aunque entonces no lo supiera y tampoco lo recuerde realmente. Es una sensación de viento en las mejillas y en los brazos, de liberarse, de soltarse, de ser el faro que guía a los barcos. Y como no ha sido así durante mucho tiempo, esta vez uno quiere prolongar ese momento resplandeciente, ese aire fresco, esa nueva vida, intentando preservar una sensación fugaz, porque quizá cuando vuelva ya sea demasiado tarde, o sea demasiado viejo. Y la verdad es que ésa será la última vez que uno sienta eso en su vida.

Sacado del El periodista deportivo de Richard Ford, que como bien dice en la contraportada tiene tanto que ver con la crónica de deportes como Moby Dick con la caza de ballenas.

ago 07

Terminada la La ciudad automática ahora mismo me voy a por La taberna errante de Chesterton (de la editorial Acuarela libros). Como dice la atractiva contraportada: “un par de proscritos hace rodar por toda Inglaterra, huyendo de la justicia, el último barril de ron de la isla después de que un decreto gubernamental haya ordenado el cierre de todas las tabernas en nombre del ecumenismo y el entendimiento entre las culturas. Allí donde los fugitivos se detienen y abren la espita del barril, enseguida cristaliza una sociedad en miniatura, como una perla alrededor de un grano de arena”.

En este enlace se explican detalles bastante interesantes acerca de los derechos de autor de esta obra. Y en este otro enlace podéis descargar el libro en PDF. Yo voy a ponerme mejor con la edición en papel porque por ahora sigo prefiendo el tacto del libro físico, aunque a lo mejor en el futuro me convence (para algunos usos) el Kindle de Amazon o el lector que va a sacar Sony junto a Google.

En fin, ya os iré contando qué tal está la obra, aunque de primeras todo lo que escribe Chesterton siempre garantiza una pizca de humor, lucidez y sabiduría.

ago 05

Acabo de comprarme La ciudad automática, el libro que el gallego Julio Camba publicó en 1932 y que está dedicado a la ciudad de Nueva York. Lo poco que he leído no tiene desperdicio. Aquí os dejo el primer capítulo…

La ciudad del tiempo

¿Qué cosa extraña es esta que me ocurre a mí con Nueva York? Me paso la vida acechando la menor oportunidad para venir aquí, llego, y en el acto me siento poseído de una indignación terrible contra todo. Nueva York es una ciudad que me irrita, pero que me atrae de un modo irresistible, y cuanto más me doy cuenta de lo que me atrae, a sabiendas de lo que me irrita, me irrita, naturalmente, muchísimo más todavía.

Todas las comparaciones que se me ocurren para definir la clase de atracción que Nueva York ejerce sobre mí pertenecen por entero al género romántico: la vorágine, el abismo, «el pecado», las mujeres fatales, las drogas malditas… ¿Será, acaso, Nueva York una ciudad romántica?

Para mí, es la ciudad romántica por excelencia, y cuanto más desmedida la veo, la considero más inspirada; pero sobre esto tendríamos que entendernos. El romanticismo de Wall Street no es del mismo orden que el del Puente de los Suspiros, y no sirve para los comerciantes retirados ni para los matrimonios burgueses en viaje de luna de miel. Decía un poeta español que, en Nueva York, las estrellas le parecían anuncios luminosos. A mí, en cambio, los anuncios luminosos me parecen estrellas, y Nueva York, es, en mi concepto, una ciudad romántica, no a pesar de su brutalidad y de su codicia, sino por ellas precisamente. Por su brutalidad y su codicia, por su estridencia, por su violencia, por su culto de las catástrofes, por su sacrificio constante del pasado y del porvenir al momento presente, por la organización comercial de sus crímenes y la organización criminal de sus negocios, por su clima contradictorio, desmesurado e incontrolable; por su afán de escalar el cielo haciendo cada año un edificio más alto que los demás, y, en suma, por su ilimitación. ¿Conciben ustedes nada más romántico —para poner un ejemplo concreto— que esto de prohibir las bebidas alcohólicas a fin de elevar a la categoría de delito el acto de tomarse un aperitivo?

Nueva York es, indudablemente, la ciudad más romántica del mundo moderno, pero no creo que esto baste a explicar su extraño atractivo, y mi problema sigue en pie: ¿por qué me atrae de tal modo una ciudad que me irrita tanto? ¿Dependerá ello tal vez de una aberración mía? ¿Seré yo un caso morboso? ¿Tendré en el fondo de mi conciencia algún complejo de un orden desconocido y necesitaré quizá los cuidados profesionales del profesor Freud?

No lo creo, porque Nueva York me atrae a pesar mío, como atrae a pesar suyo a todo el mundo moderno. Uno viene hacia aquí solicitado por el afán ineludible de vivir su época, ya que Nueva York está en el centro de esta época tan exactamente como el cerro de Los Ángeles en el centro de España. Visto desde Nueva York, el resto del mundo ofrece un espectáculo extemporáneo, semejante al que ofrecería una estrella que estuviese distanciada del punto de observación por muchos años de luz: el espectáculo actual de una vida pretérita, quizá envidiable, pero imposible de vivir porque ya pertenece a la Historia. Nueva York es, ante todo, el momento presente. Es el momento presente sin más relación con el porvenir que con el pasado. El momento presente íntegro, puro, total, aislado, desconectado. Al llegar aquí, la primera sensación no es la de haber dejado atrás otros países, sino otras épocas, épocas probablemente muy superiores a ésta, pero en todas las cuales nuestra vida constituía una ficción porque ninguna de ellas era realmente nuestra época. Nuestra época sólo Nueva York ha acertado a encarnarla, y probablemente ésta es la verdadera causa de que la gran ciudad nos atraiga y nos rechace a la vez de un modo tan poderoso.

Nos atrae porque uno no puede vivir al margen del tiempo, y nos rechaza por la estupidez enorme del tiempo en que le ha tocado vivir a uno

may 19

Qué señor tan sensible que se nos ha muerto. Parafraseando un haiku suyo:

quiero vivir
hasta el último instante
de la tiniebla

Los corazones coraza estamos de luto

This Is Where We Live from 4th Estate on Vimeo.

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